
¡Qué tonto es el mundo!
Todos viviendo con miedo al amor,
y con la libertad,
del engaño…
Chispas que no hace hoguera
por miedo a crear incendios;
y no se dan cuenta que el viento sopla fuerte y las apaga.
Mensajes anclados en el puerto de «Algún día»
y no se dan cuenta,
que han puesto a la deriva, la felicidad.
Bocas congeladas por el orgullo
y no se dan cuenta,
que pueden combustionar de reciprocidad.
Pieles que no se desnudan por miedo al frío
y no se dan cuenta
que el invierno también quema.
«Tequieros» que no se dan,
miradas que no se ciegan,
desiertos que no se inundan,
tormentas que se secan,
primaveras que no florecen,
silencios que no se gritan….
Y luego vienen a mí; pidiéndome prudencia y serenidad.
Pidiendo que aterrice un vuelo que a penas se carga de ilusión,
pidiendo que calle pensamientos
que se me cuelan en la razón.
Pero es a mi corazón al que tus ojos le disparan como un proyectil;
uno color ámbar que en vez de llevar pólvora dentro,
se cargan de estrellas.
¡¿Cómo ser prudente con mis versos?!
Cuando son tus labios,
los que piden a gritos ahogarme la tristeza
E indudablemente puede ser de todo
menos
serena,
cuando solo recordar el toque de tu piel
vuelve hoguera la cama
y a mí,
gasolina.