Ciertamente un profesor de la universidad en una clase mencionó que le encantaba coger bus porque podía ver y escuchar a mucha gente hablar de toda clase de problemas, y que precisamente de allí salían las mejores historias.
En ese momento me pareció que sólo era un pretexto para justificar que su salario no le alcanzaba para un auto propio. Aceptémoslo, nadie jamás va a dejar de elegir una camioneta con sillas acolchadas, aire acondicionado, escuchando música personalizada por ir literalmente en la puerta de un Vehitrans (flota de servicio público de Cartagena) rogando al cielo que los gentiles pasajeros le hagan caso al chofer y entiendan que “la salida es por atrás” para poder pasar del otro lado del torniquete (No que me haya sucedido)
En fin, el servicio público de la ciudad no es el tema en cuestión, para ello hace falta un libro más que un artículo.
El asunto es que no podía llegar a entender la posición de mi profesor, hasta hace poco. Fue exactamente cuando iba de regreso a casa, dos estudiantes mujeres hablaban y reían alegremente; la conversación giraba en torno a críticas “constructivas” que le hacían a otra joven que no estaba allí; cosas como “no sé qué tanto se cree si el pelo es prestao´” (que usaba extensiones), “Seguro aprendió a maquillarse en art attack” (el uso en exceso del maquillaje podía compararse con los dibujos a témperas que enseñan en el programa de arte) y la mejor de todas…“le debe estar picando el oído ahora” (porque la joven misteriosa debía sentir que estaban hablando de ella a través de una rasquiña esporádica en el oído.
Aparentemente una conversación típica entre amigas que en común acuerdo no gustan de otra, todo normal. Sin embargo, antes de bajarme del bus escuché que una de las jóvenes mencionó “Ella debe valorarse” y he aquí la razón de ser de este escrito, porque aún me sigo cuestionando ¿Cómo se mide el valor que no es en monedas?
Decidí ir a lo seguro: Google. La diversidad temática fue asombrosa, desde pasajes bíblicos, libros de autoayuda hasta comentarios en Facebook, frases “indirectas” hacia otras mujeres por estar «solteronas» o por no querer hijos, e incluso porque han sido infieles con sus parejas o porque sus parejas le han sido infieles a ellas y ambos siguen como “si nada hubiese pasado”.
Allí tuve una mejor luz, comprendí entonces lo que alguna vez leí en el libro de Claudia Ayola: Que me cojan confesada:
“Nos jodieron hablándonos de decencia. Las mujeres decentes se quedan en casa. Las mujeres decentes no se mueven en la cama. Las mujeres decentes, comen poco, piden poco, sueñan poco. Las mujeres decentes no levantan la voz, no piden sexo, no despeinan sus cabellos. No hacen preguntas insolentes. No tienen sueños obscenos. No dicen que las jodieron”.
Y la verdad es que nos han jodido brutalmente no solo porque debemos apegarnos a estereotipos que la sociedad espera ver, sino que también ahora es la sociedad quien mide nuestro valor; porque una mujer valiosa no es la inteligente, la capaz, la que trabaja duro para ser independiente, o incluso quienes son el pilar de un hogar con comida caliente y baños limpios, no. Ahora adquirimos valor o nos desvalorizamos en torno a nuestra vida sexual y afectiva.
Porque al tomar una decisión que nos afectará o no solo a nosotros mismos; primero debemos hacer una consulta popular para ver si el resto del mundo está de acuerdo o no, para que sigamos siendo “mujeres y hombres de valor” “decentes y con la vida soñada…
Pues en ese caso ¡Qué se jodan! me mantengo en la posición de Sebastián Feria y ser un “hijo de puta”:
“No me disculpo por ser un hijo de puta, si así se les llama a los que hacen las cosas sin importar lo que piensen los demás. Llevo conmigo el orgullo de ser lo que he querido ser, sin perjudicar a nadie, sin lastimar a nadie, sin pisotear a nadie.
Soy consciente de que nadie puede ser libre del todo, pero he sabido experimentar la libertad como he querido: rompiendo las reglas de mi propia vida y revelándome ante mis miedos. Me cansé de ser cobarde, sin alma y corriente, ahora quiero ser lo que estoy siendo y soy feliz”
Creo que la sociedad está tan metida en los asuntos ajenos por falta de asuntos propios, en la medida en que como seres humanos no tengamos las agallas para hacer lo que queremos siempre y cuando no perjudiquemos a terceros, tendremos más tiempo para juzgar y señalar al otro y sobre todo sufrir de a gratis mientras los que sí tienen el verdadero valor viven su vida tranquila y satisfecha.
De eso se trata la felicidad ¿no?, tomar las decisiones y salgan mal o no, no arrepentirse de ello.