
El COVID 19 se ha llevado a su paso todo lo que se le ha antojado llevarse; costumbres, rutinas, formas de trabajar, formas de demostrar afecto, salud y vidas (un montón de vidas).
Creo que nadie, por mucho que suene a cliché, es, ni volverá a ser el mismo; y nada del romanticismo de “qué bonito es reinventarse” ,no, aquí la pandemia nos jodió a todos de una forma u otra y obviamente a algunos más que otros, pero más allá de celebrar a quién pudo hacer abono con toda esta mierda y juzgar a quién no; no somos los mismos porque nos tocó no ser los mismos, y quizás, si el 2020 no hubiese descargado su ira contra la humanidad; jamás nos hubiésemos atrevido a hacer un verdadero cambio.
Uno de los temas más sonados, como es de costumbre, han sido las relaciones amorosas; o sea, literalmente la gente se moría de a decenas por día, pero igual al resto del mundo le preocupaba que había otro tipo de gente que la estaba pasando fatal porque no estaba teniendo sexo, o porque no podía ejercer sus funciones extramaritales de la manera apropiada; o sea todos aquellos ¡¿Es en serio?!
Y sí, es en serio, porque jamás negaremos que el sexo y el amor son pilares fundamentales de la supervivencia y convivencia humana y que siempre darán suficiente tela de donde cortar, además que son temas divertidísimos.
En ese mismo orden de “prioridades”; siempre leía post u opiniones de cómo la gente intentaba manejar las relaciones a distancia sin recurrir al contacto carnal, e incluso las novedosas y muy fitness nuevas formas de la clandestinidad de los poliamores.
Pero ¿saben de qué no se hablaba?, al menos no en mi círculo social…
De lo valiente de romper en plena pandemia. Y sí, la palabra es valiente; porque hay que ponerle ovarios o huevos; para despedirte de un amor cuando sabes perfectamente que no puedes salir a emborracharte en un bar para pasar la pena, y que tampoco puedes tener sexo de ruptura quedando con cualquiera elegido en una app para desfogar deseos y quemar energías porque ¡Hola! “Caras vemos, positivos asintomáticos no sabemos”; y eso ni de hablar de la capacidad emocional que se requiere para llorar ahogándote en silencio porque siempre la casa estaba llena y la experiencia de que un hermano o un papá estuviera en plena junta de negocios mientras el sonido ambiente era el lloriqueo de una chica o un chico recién dejado, no era una idea que apeteciera de a mucho (suficiente con el instrumental de fondo del vendedor de plátanos, aguacates y patillas).
Eso hablando sólo de las relaciones de noviazgos (los polvos aún no formalizados) pero ojo, muchísimos matrimonios también se fueron a pique porque según, las personas luego de convivir encerrados con sus “hasta que la muerte los separe” se dieron cuenta que eso no era lo que necesitaban en sus vidas. ¡¿Se imaginan lo fuerte de darte cuenta de algo así?!
Para mí, que, así como el COVID nos jodió un poco muy a todos de alguna forma, todos también tuvimos una ruptura pandémica; lo que pasa es que muchas veces no notamos que no siempre las rupturas amorosas son las que más duelen o las únicas que se existen, pero hay que recordar que, en la vida, todo se puede romper.
Romper con un amigo, por ejemplo; en dónde un día están dándose pulseritas de BFF, y al otro con la llegada de todo el caos que trajo un virus mortal, sea el primero en marcharse en los momentos difíciles, en tomar otro camino, en no atender tus mensajes ni llamadas, en no preguntar siquiera, cómo estás o cómo está ese familiar. Al final sólo te queda el sinsabor de que el único BFF eres tú.
O romper con un familiar tóxico, ese que acostumbraba a mandar cadenas de oración y stocks de mucho amor, pero en el momento en el que les pides ayuda con un nuevo negocio, una nueva forma de “reinventarte” es el primero en darte la espalda, en restarle importancia a lo que haces o te has inventado, en no compartir lo que vendes y en comprarle o contratar a alguien más antes que a ti.
Sin embargo, para mí, la ruptura más difícil y valiente de hacer, es la que nos hacemos a nosotros mismos, cuando notamos que debemos superar comportamientos, opiniones, emociones y actitudes.
Ahora que en el ambiente todo parece ir retomando poco a poco su rumbo y “la nueva normalidad”, yo sólo te digo que me da igual si estos meses los tomaste para meditar, volverte un loco de las bicicletas o vida fitness, si te leíste la Biblioteca Nacional completa, si hiciste mil y un cursos ; o si simplemente te dedicaste a respirar e intentar no perder la cordura; pero si espero que sea cual sea la ruptura que tuviste, hoy por día hayas encontrado la manera de sanar y de pasar página. Recuerda que lo más bonito de romper es que siempre deja espacio para nuevas y mejores personas, sea un novio, un amigo, un nuevo familiar o un nuevo y mejorado “tú”.